lunes, 13 de noviembre de 2017

Evolución histórica de la Constitución Dominicana (1844-1900)

Efraín Cruz Diloné

Quiero ofrecer por medio de este escrito, un panorama histórico de cómo surgió la Constitución Dominicana, su génesis. De modo que se pueda ir entendiendo como se logra dar forma y concretizar, en los años que van de 1844-1900, un proyecto de nación.
Antes de que se creara la Constitución Dominicana, es preciso recordar que cada artículo que la compone, es producto de ideas que cambiaron el rumbo de los países del mundo, especialmente de las naciones de América Latina. No quiero ir muy lejos explicando la génesis de estas ideas, sino que se partirá desde la Ilustración, del llamado siglo de las luces o siglo XVIII. En este período histórico personas como Juan Jacobo Rousseau, con su obra el Contrato Social publicada en 1762 plantea la igualdad entre los seres humano y sobre todo, que en el pueblo reside la soberanía, y es quien tienen derecho a elegir a sus gobernantes a través del voto.

Otro personaje influyente fue Charles Louis de Secondat o Barón de Montesquieu, quien publica en 1748 su obra el “Espíritu de las Leyes” donde plantea la división de poderes: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial. También Francois Marie Orouet (Voltaire), escritor de varias obras, entre ellas: “Cartas Filosóficas” en 1734, donde plantea la tolerancia religiosa y libertad ideológica. Cada una de estas ideas llegó a las colonias españolas, inglesas, francesas, portuguesas y holandesas en América y fueron  asumidas por éstas, tanto en la lucha independentista como para la elaboración de un documento que en lo adelante será el que rija las nuevas naciones, “La Constitución”.

El primer país en asumir estas ideas y elaborar la primera Constitución en América fue Estados Unidos, seguido de Haití, Venezuela, entre otros. En tal sentido, no nos debemos extrañar si para la creación de la Constitución Dominicana fue tomado en cuenta varias constituciones de países de América.

Por otro lado, hay que mencionar igualmente la Constitución de Cádiz del 19 de marzo de 1812, texto que llega a la parte española de la isla en julio de 1812. La misma se aplicó en todas las colonias españolas, y establecía un diputado por cada 70,000 habitantes, aunque en algunas colonias como la española, hubo que hacer excepciones donde no se llegaba a ese mínimo. Se crean impuestos, tribunales, aprobar tratados, se establece  no encarcelar a nadie por más de 24 horas sin orden de un juez, elección anual de los alcaldes, prohibición de allanamientos sin orden judicial, libertad de expresión con ciertas limitaciones, entre otras. El diputado para representar a Santo Domingo ante la corte española fue Don Francisco Javier Caro; los diputados provinciales para representar Santo Domingo fueron: Francisco Ruiz, Juan Vicente Moscoso y Manuel Aybar; Juan de Azcona por Santiago; José Urquerque por el Este; Eugenio Villafaña por la Vega y Pablo Altagracia Báez (padre de Buenaventura) por el sur. 

Por otro lado, en nuestra historia recordemos que en 1821 se produce un gran acontecimiento histórico llamado: “La Independencia Efímera”. El primero de diciembre de 1821 José Núñez de Cáceres y un grupo de seguidores proclama la Independencia de Haití Español,  llevada a cabo por él y varios personajes con una ideología liberal. Dicho acontecimiento es importante porque marca un hito en la historia dominicana, que es posible independizarse con la integración de la sociedad en el proceso de lucha emancipadora.

Sin embargo, dado que la independencia proclamada por José Núñez de Cáceres y sus seguidores fue de poca duración (dos meses), no se pudo concretizar una Constitución, por ello solamente se llegaron a proclamar algunas leyes sustentadas en los escritos arriba mencionados. Estas contenían ideas referentes a: igualdad ante la ley de todo ciudadano, inviolabilidad a la propiedad privada, libertad de prensa, allanar un domicilio sin mandato escrito, entre otras. El fallo de estas disposiciones era que consideraban ciudadanos a los hombres libres de cualquier color o religión que fuese, no abolía la esclavitud.

Por tales razones varias gentes de color iniciaron protestas y a rechazar varias normativas del recién Estado naciente. Más cuando existía el pensamiento, en varias personas, de unirse a la República de Haití, especialmente varios esclavos de la parte Este de la isla que trabajaban en plantaciones de caña. Todo ello, sumado a los movimientos pro-haitiano y a la movilización de Jean Pierre Boyer, quien vio la ocasión favorable para lograr su sueño de unificación de la isla (9 de febrero de 1822) y con ello el pueblo se somete a las leyes, la Constitución y autoridad haitiana.

Ahora bien, es preciso aclarar que el país queda sometido a las leyes de la Constitución haitiana modificada en 1816 durante el gobierno de Alexandre Sabés Pétion para beneficiar a la clase campesina, ésta  fue la que predominó durante toda la ocupación haitiana, específicamente desde 1822 hasta 1843. Lo fundamental de esta Constitución fue declarar que nunca habría esclavos en Haití y que ningún blanco podía ser dueño de propiedad (especialmente de tierra), eran reconocidos como ciudadanos haitianos a los africanos y a los indoamericanos, aunque también se les permitió a los hombres blancos que ejercieran funciones públicas, y que el territorio de Haití comprendiera toda la isla. Lo básico de esta Constitución se resumía en cuatro aspectos: la libertad, la igualdad, la seguridad y la propiedad.

Para enero de 1844 circula por varias provincias del país el Manifiesto, un acta que puede ser catalogada como una pre-constitución como lo expresa Wenceslao Vega (2005, p.169), pues en él se plantean las razones de la separación y la forma que debía tener el gobierno que iba a regir la nación. A partir del 27 de febrero del 1844 se forma una junta gobernativa, pues no había un presidente que tomara el mando de la joven y naciente república. Por lo que en esta junta estaba el poder de organizar un equipo redactor de la primera Constitución Dominicana.

En el manifiesto se señalaron puntos importantes que debían figurar en la Constitución creada, entre estos la división del país en cuatro regiones: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua y el Seybo; formación de un estado libre y soberano; sistema democrático; igualdad de derechos civiles; abolición para siempre de la esclavitud; religión católica, pero sin perseguir o castigar a otras iglesia por sus opiniones, entre otros.

Inclusive, la Junta Gubernativa (presidida por Pedro Santana, e integrada por Tomás Bobadilla, Francisco del Rosario Sánchez, José María Caminero, Francisco Javier Abreu, Francisco Ruiz, trinitarios como Alejandro Pina, Manuel María Valverde, Juan Isidro Pérez, entre otros) debía dirigir las batallas libradas después del 27 de febrero de 1844, pues había que dar continuidad al proceso independentista iniciado, ya que se pensaba que en cualquier momento los haitianos podían regresar para tomar el control total de la isla.

Para el 20 de abril de 1844 la Junta Central Gubernativa dictó su primera disposición ordenando el secuestro de todos los bienes haitianos y el 6 de mayo decreta que los bienes de todo dominicano ausente en el país serían confiscados tres meses después de dictar el decreto. Así se obligaría a todo dominicano en el extranjero, regresar al país para aumentar la población dominicana, sin importar si estaba exiliado o no. Para julio de ese mismo año se emite la primera moneda dominicana en la cantidad de 300,000 pesos, y un mes más tarde se decreta recoger toda moneda haitiana por la repugnancia con que la sociedad la veía.

En julio de 1844 también se decreta la convocatoria para el congreso constituyente, allí se elegirían los responsables de redactar la primera Constitución Dominicana (Vicente Mancebo, Buenaventura Báez, Manuel Ma. Valencia, Julián de Aponte y Andrés Rosón). Por presión de Pedro Santana quien quería que se le otorgara ciertos privilegios y poderes inigualables, sumado a la presión de grupos liberales, se llevó a cabo la Constitución en San Cristóbal y publicada el 6 de noviembre de 1844, en ella se tomó en consideración puntos importantes plasmados en el Manifiesto del 16 de enero de 1844.

De esta forma, y con influencia de las ideas de la Ilustración, muchas recopiladas en  la Constitución Cádiz, haitiana y estadounidense, se logra establecer la Carta Magna de la República Dominicana. En ella se establecen dos artículos transitorios, el 205 que establecía que la Asamblea Constituyente elegiría el primer presidente dominicano para promulgar dicha ley, y gobernaría por dos años consecutivos (así eligen a Pedro Santana); y el artículo 210 que decía: “durante la guerra actual y mientras no esté firme la paz, el presidente de la república puede libremente organizar el ejército y la armada, movilizar guardias nacionales, y tomar las medidas que crea oportunas para la defensa y seguridad de la nación; pudiendo, en consecuencia, dar todas las órdenes, providencias y decretos que convenga, sin estar sujeto a responsabilidad alguna.

Estos artículos serían, entre otros más, los que darán lugar a la modificación de la misma en febrero de 1854, dado a que la sociedad estaba disgustada de la forma autoritaria de gobernar de Santana, por ello se reúne el congreso para modificar la Constitución que respondía a la ideología conservadora. Logrando así que se modificaran 70 artículos, el 210 se elimina y queda el poder ejecutivo sujeto a lo que dicte la ley, se crea por primera vez el cargo de vice-presidente y se reduce grandemente el poder del presidente. Claro que esto disgustó a Santana quien presionó a los congresistas para que en lo adelante le otorgaran el poder de actuar  de la forma que considerara necesaria, para garantizar la seguridad y orden del Estado, lo que equivale a volver al artículo 210. Por ello, la región del Cibao, cuatro años después, en Moca el 19 de febrero de 1858 proclaman una nueva Constitución, considerada por muchos como la más liberal.

En ella participaron Juan Reinoso y Casimiro Cordero, Benigno Filomeno de Rojas, Julián Belisario Curiel, Ulises Francisco Espaillat, Pedro Francisco Bonó, Vicente Celestino Duarte, Wenceslao de la Concha, entre otros. Cuando se promulga la Constitución de Moca, se evidencia en ella una especial acentuación en ciertos derechos fundamentales previamente reconocidos, como es el caso de la esclavitud, donde se establece que la misma no deberá existir jamás en la república. Trayendo consigo la abolición de la pena de muerte, así como la consagración del libre pensamiento y la inviolabilidad de la correspondencia. Además de esto, dicha Constitución dispone una reforma considerada dos anhelos históricos del constitucionalismo liberal dominicano: la prohibición de la reelección presidencial y la inamovilidad de los jueces. También se restringen los derechos conferidos al presidente por el precitado artículo 210, y se confirma la supremacía de la Constitución. En cuanto a la forma de gobierno, se establece que el mismo será civil, republicano, popular, representativo, electivo y responsable, lo que constituye un verdadero cambio dentro del sistema, ya que a través de esta disposición se instituye el sufragio universal dentro de nuestro sistema de gobierno, y a su vez se imposibilita a una autoridad militar de dirigir la administración pública.

Sin embargo, en agosto de 1858 Santana dicta dos decretos, donde se vuelve a la Constitución de 1854, para su mayor cumplimiento, en cualquier pueblo que Santana visitaba, dejaba un comandante de armas que debía ayudarlo ahora, a consolidar su dictadura.

Para el 1865 se reformó nuevamente la Carta Magna de la nación, donde por primera vez se consagra en el texto el voto “para toda la ciudadanía”, sin tomar en cuenta que las mujeres estaban excluidas del derecho al sufragio. No obstante, en 1866 se vuelve a modificar la carta Magna, que en realidad vino a ser la de 1865 con ligeras variantes, restituyendo el exilio como pena por hechos políticos, el poder legislativo se concentró en una sola cámara llamada Congreso

A la caída presidencial de José María Cabral en 1868, en lo que Baéz regresaba del exilio, una Junta de Generales puso en vigor la Constitución de 1854 que era más autoritaria y que le daba amplios poderes al presidente. Para 1868 Báez dicta un decreto dándoles autorización a los militares para fusilar a todo aquel que porte un arma y esté en contra del gobierno. Bajo esta Constitución (la del 1854) Buenaventura Báez gobierna cuatro años y en 1872 promulga una, considerada por algunos historiadores, más despótica que la del 1854, que prácticamente es la misma con la ligera variante de que permitía la reelección y se eliminó la autorización de libre cultos en sus templos a los protestantes.

Para 1874 cuando cae Buenaventura Báez y lo sustituye como presidente Ignacio María González, éste último para satisfacer algunas presiones políticas, modifica la Constitución y suprime el poder municipal, el saber leer y escribir para votar, prohíbe la emisión del papel moneda y volviendo al sistema de un congreso unicameral compuesto por 31 diputados de elección popular directa.

González al ser amenazado por la oposición, se proclamó dictador e hizo abolir la Constitución vigente, gobernando sin Congreso hasta que convocó a una nueva constituyente en noviembre de 1874 que suprime el poder municipal, prohibiendo el papel moneda y retornando a un congreso unicameral compuesta por 31 diputado de elección popular.

Esa constitución se reformula sucesivamente en 1875, 1876 (en este último año se reduce de 4 a 2 el período presidencial), pues González tenía la intención de volver a gobernar; 1877 (año en que gobernaba Báez, se modifica la Constitución y el pueblo, según ella, podía elegir a su presidente y congresista a través del voto oral, como Báez dura 14 meses en el poder, el pueblo no pudo estrenar esta nueva forma de votar); para 1878 cuando vuelve José María González se modifica la Constitución y se reduce a un año el período presidencial y se retorna a un Congreso compuesto por dos Cámaras, un Senado y la Cámara de Diputados. En 1879 inician 7 años de gobierno de los azules, Gregorio Luperón, Fernando Ant. Arturo de Meriño y Ulises Heureaux (Lilís), y con él una nueva constituyente donde se retorna a la Constitución de Moca de 1858. Para el 1881, gobierno de Meriño, se modifica nuevamente la Constitución y se crea el cargo de vice-presidente.


Las últimas modificaciones a la Constitución para el siglo XIX tuvo lugar en 1887 y 1896, en plena dictadura de Lilís, en estas se aumentaron a 4 años los períodos presidenciales, se retornó al sistema de elecciones indirectas, tanto del poder Ejecutivo como del Legislativo, y se permitió la reelección presidencial. En conclusión, se puede decir que la Constitución Dominicana respondía, desde su promulgación en 1844 hasta 1900, a dos bandos, liberal y conservador con carácter autoritario. Evidenciándose que cada presidente buscaba la manera de tener ciertos privilegios por medio de la modificación de la misma. Pero sobre todo, nos da muestra de la fragmentada historia que tenemos y la corrupción que impera en aquellos que, sin tomar en consideración la colectividad y su bien común, piensan en el individualismo y bienestar propio, contribuyendo con ello a una cadena de corruptos que hacen del Estado una empresa desvinculada de su ideal o el fin con que fue creado. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Problemas y alternativas para la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales

Educación Mención Enseñanza de la Historia
Efraín Cruz Diloné M. A.


Resumen
Hoy en día la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales ha conllevado a la búsqueda de identificación de las dificultades que presenta, para luego diseñar estrategias que contribuyan a que los alumnos puedan obtener un aprendizaje con significado de los contenidos que se les enseña. Para ello, los mismos deben ir acompañado de unas estrategias, medios y materiales didácticos que motiven y dinamicen el proceso de enseñanza y aprendizaje, posibilitando así una mejor instrucción de las áreas mencionadas.
En ese sentido, por medio del presente artículo, basado en una metodología de revisión bibliográfica y encuesta aplicada a un técnico y diez docentes de las áreas antes mencionada, se podrá constatar los problemas que surgen para su instrucción en las aulas, pero a la vez se proporciona una serie de alternativas a considerar para enriquecer la práctica educativa.

Palabras claves: Historia, Ciencias Sociales, enseñanza y aprendizaje significativo.


Abstract
Today the teaching of history and social sciences has led to the search for identification of the difficulties, then devise strategies to help students can get a meaningful learning of the content taught. To do this, they must be accompanied by strategies, means and materials that motivate and energize the process of teaching and learning, thus enabling better instruction of the areas mentioned.
In that sense, by means of this article, based on a methodology of literature review and survey of technical and ten teachers in the aforementioned areas, may determine the problems that arise for classroom instruction, but at the same time It provides a number of alternatives to consider to enrich the educational practice.
Keywords: history, social science, teaching and meaningful learning.

Introducción
En este artículo se trabajan los problemas que presentan la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales en los centros educativos de la República Dominicana. Para ello se toma en cuenta las aportaciones de un técnico y diez docentes de tales áreas, las cuales emergieron de un cuestionario aplicado, así como también de las investigaciones de diversos autores que se han interesado en aportar conocimientos de las dificultades de dichas áreas en los distintos niveles educativos, pero más en el secundario y universitario.
Tales dificultades son abordadas desde dos aspectos fundamentales. El primero referido a los problemas que presenta la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales actualmente desde un enfoque deductivo; y segundo, qué se recomienda para la enseñanza de ambas áreas del conocimiento.



Dificultades en la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales
                                 
La Historia, entendida como una “ciencia de los hombres en el tiempo” (Bloch, M. (2000, p.3), o como un proceso continuo de interacción entre la historia y sus hechos, un diálogo que no tiene fin entre el pasado y el presente, del cual se podrá proyectar una concepción del futuro (Edward, C. 2010, p.167), presenta ciertas dificultades en la enseñanza. En ese sentido, las Ciencias Sociales como un conjunto de disciplinas para el estudio del ser humano en sociedad, no queda exenta.
Hay que entender que la educación es algo complejo, enseñar implica provocar dinámicas y situaciones en las que pueda darse el proceso de aprender en los alumnos (González, V. 2003, p.200). Esto conlleva a que el docente implemente estrategias para lograr en ellos un aprendizaje significativo. Para ello, según  Guzmán de Camacho, A. y Concepción, M. (2004, p.74), aprender significativamente es relacionar los nuevos conocimientos con los conceptos y proposiciones relevantes que ya el alumno conoce. Esto significa que el material aprendido se ha incorporado a la estructura cognoscitiva y se tiene disponible para, en un momento determinado, reproducirlo, relacionarlo con otro aprendizaje o solucionar un problema.
Ahora bien, cuáles son las dificultades que presenta la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales, hay que iniciar por reconocer que una de ella es la falta de la investigación-acción. La desconexión entre la investigación de tales áreas del saber y su didáctica. Así lo expresó Aranguren, C. (2005) en uno de sus estudios sobre la teoría y praxis de la historia. Pagés, J. (2009, p.3) lo llama de otra manera, “el divorcio existente entre  la investigación social especializada en el ámbito disciplinario (riguroso) y la enseñanza de la historia o las ciencias sociales”. No hay un campo dedicado exclusivamente a la investigación especializada en ambas áreas del conocimiento enfocada a la instrucción.

Otro de los problemas es que se debe educar para la ciudadanía, no para las empresas e intereses particulares, institucionales o empresariales (Pagés, J. 2009). Así también lo expresó Peter Mc Laren (2012), uno de los representantes de la pedagogía crítica al decir que: “estamos educando para el consumismo, no para la ciudadanía”. Hoy día son muchos los jóvenes que cuando salen del Nivel Secundario eligen una carrera universitaria pensando en el beneficio económico, en lo que ganarán al terminarla, no en su beneficio social.

También está el predominio de métodos de enseñanza transmisivos y pocos participativos, o como lo expresó Valencia, C. (2004, p.91) “el método transmisión-recepción convierte a los estudiantes en consumidores acríticos del conocimiento”. Uno de los propósitos del currículo del Nivel Secundario es formar personas críticas, pensantes, analíticas, sin embargo, mientras predomine en la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales el método de transmisión-recepción no se logrará formar personas críticas. Este mismo método no queda exento de ser utilizado por muchos docentes en el Nivel Universitario, pues hay educadores que se sienten una fuente de conocimiento y que, por lo tanto, deben transmitírselos a sus estudiantes. 

Continuando con las dificultades, no se debe dejar de lado el hecho de que el proceso de enseñanza y aprendizaje de la Historia y las Ciencias Sociales se centre en lo que Torres, J. (2008, p.92) llama: “voces presentes”, omitiéndose las “voces ausentes”, cuáles son estas:
Cultura escolar
Voces presentes
Voces ausentes
Mundo masculino
Mundo femenino
Personas adultas
Infancia, juventud y tercera edad
Personas sanas
Personas minusválida física y/o psíquica
Personas heterosexuales
Culturas gay, lesbianas y transexuales
Profesiones de prestigio
Clase trabajadora y la pobreza
Mundo urbano
Mundo rural y marinero
Estados y naciones poderosas
Naciones sin Estados
Raza blanca
Etnias minoritarias y sin poder
Primer mundo occidental
Países orientales y tercer mundo
Religión católica
Otras religiones, agnosticismo y ateísmo
Fuente: Torres, Jurjo. (2008). Diversidad cultural y contenidos escolares.

Quizás esta problemática no se da del todo, pero sí hay que admitir que la instrucción de la Historia y las Ciencias Sociales se fundamenta en las voces presentes, dejando de lado las voces ausentes. Ello influye de alguna manera en otra de las dificultades, que es el alejamiento de los contenidos con los problemas sociales. Pues generalmente los docentes se centran en cumplir unos contenidos que se les exigen, sin tener presente el tocar los problemas que acontecen en el diario vivir del alumno. En la instrucción hay que unir el puente entre la realidad social y los contenidos a impartir.

A tal dificultad le sigue la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales a través del libro de texto único. El cual, según Carretero, M. y Montanero, M. (2008, p.91) “no suelen exponer dudas o interpretaciones divergentes (opuesto) sobre un mismo fenómeno histórico, sino que tienden a presentar los contenidos de forma cerrada y con tratamiento de certeza”. Ello sumerge al docente en el tradicionalismo y monotonía didáctica. Pero también hace del alumno una persona pasiva, acrítica, conformista y que tiende a interpretar el mundo desde un punto de vista.

Claro está, cada una de las dificultades tienen que ver con otra, en lo que coincidieron varios docentes entrevistados es en la formación de los docentes de Historia o de Ciencias Sociales. Que no consiste solamente “asignar al futuro maestro o profesional de la educación una consciencia especializada”. (Rodríguez de Moreno, E. 2010, p.22). O hacer que los docentes se “apropien de las gramáticas básicas de un campo del saber y se preparen en los rituales para su producción”. (Alba, A. 2004, p.60). Engloba todo un conjunto de capacitación en función de unos conocimientos de los contenidos del área a impartir, metodologías, estrategias, recursos que faciliten la instrucción, uso de herramientas tecnológicas, formación en valores, entre otros elementos que enriquecen la preparación académica del docente. Todo ello conlleva a la actualización docente, la cual hace posible una mejor formación del mismo.

En ese sentido, un técnico encuestado del área de Ciencias Sociales, expresaba que otra de las dificultades es la preparación del docente en Geografía, Cartografía y Antropología, así como de la metodología para su buena instrucción. Predominando en varios centros educativos una enseñanza conductista, repetitiva y memorística.

Ahora bien, otra de las grandes problemática para una buena enseñanza de las áreas antes mencionadas, es la agenda del docente. Esta se centra en la toma de notas o calificaciones claras y ordenadas, responsabilidad en la entrega de notas y tareas, cumplimiento de normas y requisitos curriculares, reuniones políticas, entre otras. A tales aspectos Ornelas, C. (2009) en su libro: el sistema educativo mexicano: la transición de fin de siglo, llama “el currículo oculto”, donde hay muchos docentes, generalmente en el Nivel Primario y Secundario, que son cuidadores de niños y jóvenes, supervisores de su conducta dentro y fuera del aula, quienes se ocupan de la inscripción de los estudiantes (en algunos casos), de la distribución de las fracciones alimenticias, de organización de eventos culturales, deportivos, comunitarios, entre otras funciones que no son pagadas ni tomadas en cuenta por las autoridades educativas, pero que tampoco nadie o pocos docentes reclaman. Cada uno de estos aspectos puede poner en duda u oscurecer una mejor enseñanza.

Otros de los problemas, y que giran en torno a ciertas interrogantes planteadas por Aranguren, C. (s.f.) en otro de sus estudios titulado: ¿qué es la enseñanza de la Historia? ¿Qué Historia enseñar? ¿Para qué, cómo y a quién enseñarla? Cada una de estas preguntas conlleva a reflexionar respecto a ¿qué historia enseñar?, por ejemplo: debemos enseñar ¿la historia de los dominadores o la de los dominados? ¿La historia del pasado a la del presente? ¿La historia de hechos o la de procesos? ¿La historia nacional o la regional?

Tales interrogantes hacen posible el cuestionar la propia práctica del docente en función de ¿qué es lo que se debe enseñar de historia? ¿Qué es lo que quieren, deben aprender o esperan los estudiantes de la enseñanza de la Historia?

Entre las problemáticas en la instrucción de la Historia y las Ciencias Sociales cabe mencionar el centralismo en una enseñanza de fechas, héroes, historia patria, entre otros, y no de una historia de procesos, de cambios, rupturas y continuidades, de participación social y colectiva que influyen en el presente. Esto último es a lo que Carretero, M. y Montanero, M. (2008, p.135) llama, en la enseñanza de la Historia, aprender a “pensar históricamente”. Pues a ello le sigue el que los jóvenes mayormente viven en el presente, están desvinculados con los lazos unificantes del pasado para comprender su presente. Por tal motivo, la enseñanza de la historia debe ir acorde a los nuevos tiempos, relacionarla con aquellas cosas que le interesa hoy día a los alumnos, no tanto al docente. (Gutiérrez, C. 2005).

Esto conlleva a que el docente debe buscar estrategias que motiven el aprendizaje de los alumnos, su interés por la historia, como lo planteaban varios docentes encuestados. Pues expresaban que los alumnos no tienen hábito de lectura, lo que dificulta su capacidad analítica, crítica y reflexiva de los hechos históricos. Pero además, las aulas no están equipadas acorde a las exigencias de los nuevos tiempos. Decían algunos “tenemos estudiantes del siglo XXI en aulas del siglo XIX y XX”. Sumado a que los centros no cuentan con diversos recursos tecnológicos para ser incorporados en la enseñanza, dejándole toda la responsabilidad a los docentes.

 Por último es preciso decir que una de las grandes dificultades es que, tanto la Historia como las Ciencias Sociales no proporcionan verdades absoluta, a diferencia de otras ciencias como por ejemplo, las matemáticas, medicina, física, entre otras. Lo que hace cuestionar la veracidad de los hechos o acontecimientos históricos.

En tal sentido, cada una de estas y otras dificultades mencionadas que presenta la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales proporcionan algunas interrogantes claves, ¿qué historia enseñar? ¿Cómo y para qué enseñar Historia o Ciencias Sociales? En lo referente a estas interrogantes, podría decir que la respuesta definitiva a las mismas, aún no ha tenido su contestación exacta, pues como se planteó anteriormente, en ambas áreas no existe una verdad exacta o absoluta.

Sin embargo, esto no quiere decir que todo está perdido, varios docentes encuestados, así como diversos autores, han proporcionado una serie de investigaciones que dan luz para mejorar la práctica docente, y que son el resultado de la búsqueda o el dar respuesta a cada uno de los problemas que presenta la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales.

A modo de conclusión, se dará respuesta a la segunda interrogante plantea a principio del desarrollo de este artículo: ¿qué se recomienda para la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales? Tales respuestas pueden ser enriquecidas si se profundiza más en investigaciones de campo en función de cada una de las problemáticas señaladas. Es preciso decir que se harán posibles recomendaciones acorde al orden en que fueron planteadas las dificultades. De modo que sirva de luz para mejorar la práctica educativa y con ello la enseñanza de ambas áreas en los diferentes niveles educativos del país.


Posibles alternativas para la enseñanza de la Historia o las Ciencias Sociales

La investigación en Historia y las Ciencias Sociales debe conectarse con su didáctica (investigación-acción), debe empezarse a realizar investigaciones que refuercen el campo de la enseñanza de ambas áreas, tanto en las universidades como en las escuelas de Nivel Primario y Secundario, ya que en los niveles educativos iniciales de formación es que se empieza a tener conocimiento de la Historia y las Ciencias Sociales de manera más formal.

Por otro lado, cabe mencionar que Fernando Savater en su libro: el valor de educar, deja de manera explícita un concepto englobador y al cual debe girar, no solo la educación, sino la enseñanza de la Historia y de las Ciencias Sociales, que es la “humanización”. Hay que educar para ser más humano, para los demás, no para convertir al alumno en un sujeto capacitado que responda a los intereses comerciales, sino más bien sociales. Educar ciudadanos comprometidos con los demás para construir un mundo más justo, más solidario y mucho más igualitario que el que se tiene actualmente.         

Respecto al método de transmisión-recepción, hay que decir que este conlleva en su germen un mal, y es que generalmente el docente, y muchos alumnos hoy día, han sido educados en la pasividad, en el método transmisión-recepción y así mismo se está educando, en algunos casos. La enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales deben ser motores de un nuevo cambio educativo. De educar para la ciudadanía, para ser democráticos y participativos, más críticos y reflexivos. La enseñanza en las escuelas y universidades debe tener significado social en los alumnos, en esta instituciones ellos deben encontrar una chispa motivadora que los impulse a romper con su pasividad, problemas sociales o ataduras políticas e institucionales que les afectan y que no les permiten ser personas de y para la sociedad, no de sí misma solamente; personas íntegras y transformadoras de su entorno social.
En lo que tiene que ver con la enseñanza de las Ciencias Sociales y la Historia sustentada en las voces presente, diría que esto es algo que no ha de extrañarnos, siempre ha sido, en su generalidad, como lo plateó Jurjo  T. Sin embargo, debemos de buscar formas investigativas que complementen estos vacíos, que muestren una mayor incorporación de las voces ausentes en la historia, para ello debemos recurrir a los recursos disponibles que tenemos, por ejemplo, periódicos, películas, videos o documentales, darle vida al cine como un instrumento didáctico para la enseñanza de la historia como lo planteó Sánchez, Ma. (1999) en su estudio: el cine, instrumento para el estudio y la enseñanza de la historia. Implementar estrategias que muestren la participación de las voces ausentes, no tanto olvidadas en el pasado histórico, sino hoy, en el diario vivir.

Retomando las ideas de Sánchez, respecto al cine como un recurso para la enseñanza de la Historia o las Ciencias Sociales, es bueno tener presente sus sugerencias de uso. Ella propone que los docentes deben elaborar un listado o recopilar una serie de películas en relación a los contenidos a impartir para enriquecer su práctica educativa. Es decir, si se va a impartir Historia o Ciencias Sociales y se tiene conocimiento de cuáles son los contenidos curriculares y propósitos a lograr, antes de impartirlo se debe considerar las películas que se adaptan a ellos. De esta manera se crean nuevos espacios de discusión, no sólo en las aulas, sino también en los auditorios existentes, pues muchos de estos carecen de conferencias y debates en relación a la enseñanza de las áreas antes mencionadas.

Además, otra estrategia enriquecedora para darle vida y mayor participación a las voces ausentes es la puesta en práctica, según Pelegrín, J. (2010) de la historia alternativa como recurso que facilita el poder trabajar la historia por medio de su interrogante ¿qué hubiera pasado si…? y de esta manera incorporarlas. Este tipo de actividad ayuda a unir el puente entre las voces presentes y ausentes.

Dentro de todo este contexto, el docente es quien tiene la responsabilidad de implementar estrategias que unifiquen o relacionen las voces distanciadas, tanto en la Historia como en las Ciencias Sociales. Es el responsable de propiciar una instrucción desde enfoque más generales y no particulares, es decir, no sustentado en acontecimientos y personajes únicos, sino en la relación de éstos con otros. 

Cuando el docente no mira desde diferentes perspectivas los contenidos a enseñar de las áreas académicas antes mencionadas, es síntoma de una enseñanza a través del libro de texto único. Pero también, esto puede conllevar a limitar los conocimientos que puedan adquirir los alumnos en los distintos niveles de educación: primario, secundario y hasta universitario.

Esta es una problemática notoria en los niveles que anteceden al universitario. En la mayoría de los casos los docentes no salen del libro de texto que le facilita el ministerio de educación, ni les proporcionan a los alumnos nuevas fuentes que puedan consultar para ampliar sus conocimientos. Esto no quiere decir que en las universidades no se dé la misma situación. Pues algunos docentes elaboran un libro de texto referente a la materia que imparte y se limita al libro, todo sale de ahí, los ejercicios, las exposiciones, los exámenes, entre otros. Hay que superar esta cultura, darle vida a las bibliotecas, incentivar la lectura y deseo por el conocimiento de lo que se enseña.

Bajo todo este panorama, hay que considerar que la formación y capacitación de los docentes juega un papel primordial para una buena instrucción de la Historia y las Ciencias Sociales como expresaron los docentes encuestados. Algo que se deja de lado en su formación académica de licenciatura, es que no lo capacitan para el manejo e instrucción de mapas, la cartografía y otras herramientas geográficas. Pero también sobre el uso de la Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC), no se les proporcionan pequeños cursos o talleres para incorporarlas en la enseñanza. No los capacitan para mejorar la comunicación e interacción con los demás, en pocas palabras, no se les enseña oratoria. En tal sentido, estos son algunos aspectos que deben superar fuera de las universidades. Por tanto, como no haber carencia en la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales.

Por encima de estas dificultades que anteceden al ejercicio docente, seguida a las que se le suman al formar parte de una institución educativa (llamadas “currículo oculto”), éste debe de romper con sus limitaciones, no olvidar que también en sus manos se ha depositado el futuro ciudadano del país. De quien la sociedad espera una actitud humanizadora, una persona que no piensa en sí misma, sino que se entrega al servicio y bienestar de la colectividad.

En otro ámbito, se planteó anteriormente que una de las problemáticas de la Historia es ¿qué historia enseñar? interrogante establecida por Carmen Aranguren en su estudio, la cual conlleva a todo docente del área a reflexionar, y no sólo en función de dicha interrogante, sino también sobre ¿qué debemos enseñar de historia? ¿Qué es lo que quieren, deben aprender o esperan los estudiantes de la enseñanza de la historia? Sin embargo, sobre qué historia enseñar no presenta tanto inconveniente si se orienta a contenidos a impartir, pues estos les vienen dado, tanto al docente del Nivel Primario, como del Nivel Secundario y Superior.

En los niveles que anteceden al Superior hay un currículo que establece los contenidos a enseñar, en tanto que en el Superior hay un programa a seguir, de modos que los docentes tienen claro qué, a este qué le sigue un cómo, el cual conlleva a la metodología o estrategias a implementar, así como los recursos didácticos y posibles actividades para la enseñanza. En tanto que el para qué permite tener claro los objetivos o competencias a lograr por medio de los contenidos.

Ahora bien, ¿qué o cuáles  recursos didácticos utilizar para la enseñanza de la Historia, y que pueden ser implementados en el área de Ciencias Sociales? Existe una gran diversidad de recursos, los mismos deben ser usados en función de las posibilidades del docente y los medios que posee en el entorno o el centro educativo en el que se encuentre, por ejemplo: libros, revistas, videos, documentales, películas, imágenes, pinturas, museos, murales, esculturas, lugares históricos, mapas, laminas, periódicos, entre otros. Hay una gran variedad de recursos o medios didácticos disponibles, de los que muchas veces no se le da utilidad a la hora de enseñar, quizás por dejadez del docente o porque no están a disposición o al alcance del mismo.

Por otro lado, el que el docente se base en una enseñanza centrada en héroes, fechas, historia patria, entre otros, deja claro que en educación no hay una instrucción que dé muestra de cambio, ruptura y continuidades en la historia y su didáctica. Hay que romper el modelo centralista de la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales. Enseñarle a los alumnos que ellos son protagonistas de la historia, que pueden ser héroe a semejanza de los que contribuyeron a forjar la patria del país, que los héroes no son un mito, que sus logros y aportes ellos lo pueden hacer, y aun mejor. El hecho de estar estudiando los convierte en héroes, no todos ingresan a una institución educativa por diversos factores (carencia de recursos económicos, problemas familiares, de salud, entre otros. Además muchos héroes de la historia no alcanzaron un alto nivel educativo o universitario como el de muchos jóvenes hoy día. Por tanto, hace falta una historia más realista, que toque a los alumnos.

Más en estos tiempos contemporáneos donde los jóvenes viven más el presente olvidándose de su pasado histórico. Es decir, los alumnos, a pesar de los grandes avances tecnológicos, están más desvinculados de los lazos unificantes del pasado para comprender su presente. Por lo tanto, la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales debe ir acorde a los cambios de los nuevos tiempos, a lo que les interesa a los jóvenes, las películas, canciones, uso de nuevas tecnologías, entre otros. A pesar de que muchas aulas de las escuelas públicas, así como de universidades del país, carecen de un proyector o data show y un televisor para presentar a los alumnos un video o documental histórico. Si se pretende modernizar la educación hay que iniciar por lo básico, por los niveles educativos más bajos, hasta llegar a las universidades.

En otro sentido, se llegó a mencionar que la Historia y las Ciencias Sociales por ser ciencias que no proporcionan verdades absolutas de un acontecimiento pueden ser cuestionadas en su cientificidad y veracidad, lo cual puede afectar la enseñanza de los contenidos históricos. Sin embargo, esto no quiere decir que sea una problemática que no tenga solución, pues la capacidad investigativa y la consulta de diversas fuentes bibliográficas de lo que se enseña proporciona cercanía a las verdades de los hechos. Permitiendo también un mayor análisis y criticidad de los mismos.


Conclusión
A continuación se ofrecen algunas reflexiones, las cuales ayudan a comprender mejor las complejidades de la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales. A la vez que motivan a la investigación y búsqueda de una mejor instrucción de tales áreas, dada su importancia para el bienestar social. 

En la actualidad, los docentes se han olvidado de una de las finalidades de la enseñanza de tales ciencias, que es, de acuerdo a Pagés, J. (2009, p.8), desarrollar el pensamiento o conciencia histórica en los alumnos. La cual consiste en convertirlos en pensadores reflexivos y críticos, capaces de intervenir con conocimiento de causa en la construcción de su mundo. También les permite concebir la realidad como una síntesis compleja y problemática, contextualizando la información que reciben en sus múltiples dimensiones y comprendiendo su propia inserción en dicha realidad desde una perspectiva crítica y participativa.

 Esto supone ampliar los horizontes del docente y los alumnos en cuanto a la interpretación de los contenidos históricos vinculados a la realidad social en que viven. Hay que evaluar evidencias e interpretaciones, analizar el cambio a lo largo del tiempo, razonar causalmente, interpretar críticamente las fuentes de información histórica; pero sobre todo contextualizar los hechos, algo que también pocos docentes y alumnos hacen, algunos quizás sí, pero en su mayoría no contextualizan qué pasaba a nivel regional, nacional o mundial respecto a un hecho histórico, lo que permite ampliar los horizontes de análisis, comprensión e interpretación de la Historia o las Ciencias Sociales que se enseña. (Ver a Carretero, M. y Montanero, M. 2008).

Lo planteado anteriormente hace recordar a algunos docentes que cuando ponían a exponer a sus alumnos, estos generalmente relataban un hecho, pues lo leían todo, y cuando se le pedía que interpreten lo dicho, o qué entendían, no sabían nada, solo reproducían lo que leían, no eran críticos o analíticos. Eso mismo se sigue repitiendo en todos los niveles educativos, por lo tanto hay que trabajar esa parte como docente y superar esas debilidades existentes desde antaño. Lo cual ha permitido que los alumnos consideren la Historia y las Ciencias Sociales como materias que no necesitan ser comprendidas sino memorizadas. (Ver a Prat, J. 2001).  

Por lo tanto, hay que buscar nuevas estrategias para la enseñanza de tales áreas. Mostrarles a los alumnos que la Historia y las Ciencias Sociales forman parte de su vida diaria, pues ambas, más la Historia, son temas de películas y concursos televisivos, motivo de celebraciones y festejos públicos, objeto de campañas institucionales, y forma parte del enorme legado cultural que se trasmite en libros de texto y a través de la tradición oral.  Por lo que el alumnado, sin ser consciente, está configurando una visión de lo histórico en su vida como integrante de la sociedad que, muchas veces, no coincide con la historia escolar o la historia contenida en los libros de texto.

Esto último puede hacer que los alumnos consideren la Historia o las Ciencias Sociales como aburrida, poco atractiva y de interés para ellos. Sin embargo docentes, no se pueden confundir, esto no significa que la Historia o las Ciencias Sociales no sean interesantes, es que ustedes no han encendido la chispa motivadora y vivificante de tales ciencias. Hay que enseñarle al alumno que la historia no solo es pasado o presente, la historia son ellos mismos, somos todos, ella se construye cada día, ahora mismo. La sociedad es fruto de todo un proceso histórico. Por ejemplo, si actualmente hay males que aquejan a la nación dominicana no son el resultado de un mal gobierno, sino de continuidades de ciertas prácticas históricas como: corrupción estatal, la falta de transparencia en la administración de los fondos públicos, el individualismo y búsqueda de beneficios propios y no colectivos, la falta de inversión económica en diversos sectores sociales, entre otros.

Cada uno de estos aspectos es el resultado de todo un proceso histórico y de ciertas prácticas no superadas aun. La historia, si nos enfocamos en algunas de estas cosas, podríamos decir que estamos olvidando parte de ella, se está  enseñando una historia que no ha servido para solucionar males más que para repetirlos. Sin embargo, esto conlleva a tener presente la importancia de la misma, y como docente, procurar una enseñanza, de interés para los alumnos, cambiante, innovadora y transformadora.

Para ello hay que basarse en distintas estrategias, las cuales deben ir acompañada de recursos didácticos, ya que son los que hacen llegar los contenidos a los alumnos, teniendo en cuenta aquellos que más se adecúen a lo que se pretende enseñar. Pues existe una gran diversidad de recursos que están a disposición del docente de Historia o Ciencias Sociales como: la radio, la tv, el video, las películas que ayudan a debatir temas por medio de un cine club, los museos, monumentos o centros históricos, casas antiguas, testimonios de personas de la comunidad a la que pertenece el alumno respecto a un tema tal, las imágenes, periódicos, revistas, construcción de recursos didácticos en base a objetos o materiales reciclable, plataformas de discusión en la web, entre otros.

A pesar de lo expresado, hay que considerar que las estrategias y recursos en sí, no proporcionan una mejor enseñanza. Todo dependerá de la forma en que sean implementados por el docente, y del uso que le dé a cada uno de los recursos mencionados, así como la forma en que el alumno se involucre o se relacione con ellos.

Los recursos contribuyen a una mejor transmisión del conocimiento, conocimiento que quedará vacío si carece de significado para el alumno. Por lo que se debe tener presente lo dicho por Freire, P. (2004, p.22) saber que enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción”. Que esta reflexión nos ayude a aclarar muchas lagunas sobre la didáctica de la Historia o de las Ciencias Sociales, a la vez ilumine a buscar nuevas formas para mejorar cada día la práctica docente.


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